Hoy me ha costado mucho, mucho, mucho escribir. Y no porque tuviera algo de bloqueo (intento escribir aunque me salga mal), sino porque hoy me he dado cuenta de que no existen alternativas para el canal de audiolibros de Youtube. La maldita multinacional Random House Mondadori no me ha respondido a ninguno de los correos que les he mandado. Ni uno solo. Y Youtube no piensa devolverme ni un trocito de mi canal hasta que no se retiren las demandas.
Lo peor es que ni siquiera puedo crear un canal paralelo porque, en cuanto Youtube se dé cuenta, lo cerrará sin miramientos, tan solo porque te estás “saltando” el castigo. Un castigo que me parece desproporcionado por todas partes. Nadie habla conmigo y es terrible. Te hace sentirte pequeño e insignificante en un mundo de empresarios enormes, que solo piensan en ser los más ricos del cementerio.
Porque yo solo quería compartir mis libros favoritos. Nada más. Nunca dije que fueran obra mía. Solo los leí a un público distante.
Y por ello, baneada de por vida. Para siempre. A no ser que Random House cambie de opinión o decidan responderme (cosa que dudo ya que están demasiado ocupados ganando dinero), no tengo alternativas.
Estoy triste. Muy triste. Triste, desamparada y enfadada. Porque no es justo.
Pero bueno, a veces la vida no lo es.
Bueno...
¿La vida o los millonetis?
