Febrero ha empezado y no llevo muy bien el conteo de palabras. Estoy atascada en una escena que no sé muy bien cómo manejar y espero desatascarme pronto o no podré cumplir con la meta de esta semana. Lentamente me voy acercando a lo que viene a ser el punto de inflexión y sí, estoy aterrada con la idea de terminar otra novela. Caray, es que llevo casi un año escribiendo diligentemente. Y se va a acabar, de nuevo. No puedo menos que sorprenderme de que lo esté logrando de nuevo.
Es una sensación extraña. Dentro de poco estaré huérfana de proyecto y tendré que meterme de cabeza en otro. Empezar de cero en un mundo casi nuevo, escribiendo nuevas tramas y nuevos personajes.
Caray.
Uno nunca se acostumbra a ello.
Al final, el proyecto #dragones están siendo como un par de viejas zapatillas. Son cómodas, sabes lo que hay y no tienes que enfrentarte a lo desconocido como en un nuevo proyecto donde todavía no conoces demasiado bien a los protagonistas, a los personajes. Seh, estoy procastinando porque me da miedo terminar otra obra.
Lo que hay que oír, ¿eh?





