Nota: Este post en realidad lo escribí la semana pasada. Pero estoy teniendo un mes complicado a nivel emocional y simplemente lo pospuse hasta que hoy me acordé de que no lo subí.
A veces me quedo un rato mirando la hoja en blanco mientras pienso sobre qué escribir esta semana, enviando un post al éter. La verdad es que no me molesta no ser casi leída; a veces es incluso hasta cómodo. No tener que pensar que hay unos ojos (aliens) extraños leyendo cada palabra escrita y probablemente juzgando.
El juicio ajeno es una de las cosas que más me aterran y no creo que sea la única a quien esto le pasa. Y he empezado a escribir este post a mano tal vez porque estoy procrastinando productivamente el hecho de querer escribir dos relatos. Uno cotidiano y el otro de Halloween. El de Halloween es aún un poco resbaladizo en mi mente. Tengo clara la idea, el temor que quiero transmitir, pero me digo que necesito rumiarlo un poco más aun siendo consciente de que en cuanto le dé a la tecla, la maquinaria fluirá sola.
El relato cotidiano es sencillamente viejo. Hace meses que lo pensé pero me dije que era una estupidez, que a nadie le iba a interesar y no lo escribí. Ahora, después de leer las (¿furiosas?) cartas de Bukowski, me da igual si le importa o no a alguien. Al único al que le tiene que importar es a mí. Ah, se me acaba de ocurrir un concepto de personaje tzimisce muy interesante.
Pero eso, después de este post y otro en ko-fi (creo que al final no lo hice) me pongo a ello.
Un time-timer y la sensación de querer ganar al reloj es la solución a la mayoría de los problemas.
Es extrañamente agradable escribir esto en papel. El otro día estuve pensando que si no necesito la tecnología para hacerlo, primero en papel y luego ya veremos. La mayoría de la excepción son dos relatos de Halloween. Tengo la estúpida preferencia de escribirlos a máquina. Pero eso. Este trámite es agradable y animo a quien esté leyendo esto (oh, espíritus del éter) a que lo intente.
Y ahora, si me disculpáis, tengo hambre y la mandarina de mi bureau (como dicen los franceses) me está haciendo ojitos.
Espero no encoger ni agrandar con un gajo.
U know, la mandarina me dice:
Cómeme.

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¡Huy! Una abeja.